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jueves, 1 de octubre de 2015

Renuncia.


Renuncia.

Estás en medio de una habitación vacía, sola y si estás leyendo esta nota, a partir de ahora (como tú misma me insinuaste como una de tus fantasías) ten en cuenta que ya no eres nada, ni eres nadie. 

No tienes nombre, tan solo eres un cuerpo que se encuentra a mi entera disposición para darme placer. Si cuando acabes de leer esta nota, decides seguir jugando, deberás desnudarte mirando hacia el ventanal sin mirar nunca para detrás y dejar tu bolso y tu ropa debajo de la silla.

Una vez hayas decidido ser un trozo de carne, que tienen como único fin mi disfrute y placer, deberás extender la toalla que está sobre la silla, y ponerte arrodillada y con las manos extendidas hacia delante y la frente pegada al suelo mirando al ventanal. A partir de ese instante no hablarás escuches lo que escuches, no te moverás, pase lo que pase; no levantarás la vista del suelo suceda lo que suceda... esperaras el tiempo que yo desee... mientras disfruto observándote.

Estarás para satisfacer mis caprichos y uno de ellos es observarte... recuerda que, en tu fantasía, puedo usarte como me plazca.

Recuerda que ye estoy observando. Cuando estés preparada deberás decir: "ya" en voz alta. Esa será la última palabra que pronuncies hasta que yo te lo permita. probablemente te vendaré los ojos, te ataré las manos y haré contigo todo lo que se me ocurra... todo lo que desee ( y te aseguro que tengo deseos muy oscuros). Escucharas metal, sentirás cosas frías y calientes; suaves y ásperas; olerás aceite y ungüentos y algunas otras sorpresas que  tengo guardadas, listas para usarlas contigo...

Recuerda que te estoy observando mientras lees esta nota y que me apetece mucho mirarte mientras te denudas. Pero recuerda que, bajo ninguna circunstancia debes mirar hacia detrás. Siempre hacia el ventanal...

Este es el punto de no retorno. si decides quedarte deja esta nota en el suelo y haz lo que te he ordenado... Si decides marcharte, tan solo debes abrir la puerta y salir.

Tú decides.


jueves, 5 de septiembre de 2013

Ganas...

Ella tiene ganas de dejarse llevar, de romper la rutina y la soledad que siente instalada en su corazón desde hace tiempo, así que sube las escaleras con paso decidido, recordando su última llamada:
- La próxima vez que nos veamos tienes que recordar una cosa y olvidar otra. Debes venir sin ropa interior y traer una venda en el bolso, un pañuelo servirá.

Sonríe recordando la conversación y la emoción. Las mariposas que sentía en el estómago al escuchar sus instrucciones. Pero, a la vez, piensa en porqué le ha escogido, entre muchos, a él. Ella cree, realmente, que pueden ayudarse mutuamente a sobrellevar el tedio de los compromisos adquiridos, el grave peso de la vida cotidiana, pero sin preguntas, sin ataduras, solo porque ellos quieren hacerlo. Ahora. Ese es el pacto, sin preguntas, sin reproches. Saben que nunca, ninguno de los dos, poseerá del otro más de lo que se quieran entregar en cada uno de los instantes que puedan arrebatarles a sus otras vidas.

Las sensaciones que tiene cuando está a su lado, tan distintas del polvo semanal prefijado, los ruidos, los roces, el olor, se ven amplificados por la excitación, por las ganas de jugar... No es una aventura al uso, los dos son conscientes de que solo tienen este momento, el tiempo presente. No tuvieron pasado y seguramente no tendrán un futuro para poderse aburrir el uno del otro.
Así que piensa lo que le dirá en cuanto lo tenga delante. En cuanto él haya comprobado que ha seguido las instrucciones, metiendo una mano debajo de la falda, acariciando su piel delicadamente
-Dame el móvil y los apagaremos juntos. Esta tarde es nuestra y debemos, estamos obligados, a hacerla inolvidable... ¿te atreves a soñarla conmigo?