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martes, 4 de enero de 2011

Tren nocturno a casa.


Vuelvo en un viejo tren nocturno a mi ciudad. Vuelvo de un lugar no lejano en la distancia, sino en el recuerdo. Un lugar que empezó lleno de sueños que hoy son casi pesadillas.

Primera lección: Cuando de trate de trabajo, no se puede confiar en nadie y menos en tus "colegas". A la mínima se apartarán para que seas tu quien caiga al abismo. Si no es que intentan empujarte para ahorrarte la incertidumbre.

Eso deja al aire, bien patente una parte de la profunda herida que desde la noche de los tiempos arrastra el alma humana. El egoísmo y el miedo, son potentes catalizadores y si los juntamos y agitamos convenientemente, obtendremos una mezcla explosiva. De la cual nadie está a salvo.

Otra lección magistral de la Vida Real. Y Gratis oye, que no todo iba a ser malo. Ahora tan solo habrá q memorizarla, para que no nos tengamos que examinar, en alguna otra ocasión, del mismo tema. Aunque ya me parece a mi muy difícil la misión. Confianza, palabra complicada.

Al otro lado de la ventanilla el paisaje nocturno pasa deprisa y me acerca hacia una cama donde podré descansar. Me duelen los pies, pero quizá mañana será otro día.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Todos de golpe.

Después de un largo repuente/acueducto uno debería estar más descansado que tras una larga semana de trabajo, no?. Pues en ocasiones, no es así.
Ha sido un larrrrgo puente. Hacía mucho que no podía "enganchar" mas de tres días seguidos de descanso,además en el pueblo. Esperaba largos paseos, me llevé un libro y algo de trabajo (poco), pero como suele pasar, uno dispone y los demás hacen lo que les da la gana.

Al final casi me he alegrado de volver al trabajo. El coche y el tráfico de la ciudad, los clientes con sus quejas, en fín la rutina conocida. Pero al llegar al despacho, me aguardaba una sorpresa...

Agazapados detrás de la puerta estaban (juntos) todos los marrones que no había podido despachar a lo largo de esta semana. Me ha parecido verlos físicamente. todos ellos juntos y organizados, abalanzándose sobre mi, los muy cabrones. Nada de venir como está mandado, de uno en uno y a cara descubierta. Todos a una y encima de mí. He visto pasar delante de mis ojos ese anuncio donde se publicitaba un sorteo y salían miles de pequeños duendecillos que había que atrapar.

Me ha costado, mucho. y solo me he librado porque he pedido refuerzos que me han sacado de esa trampa en la que se había convertido el despacho. Mañana, seguro que siguen allí. Lo único positivo es que mañana, ya quedarán menos. Eso espero.