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jueves, 12 de marzo de 2015

Querida Lucia...

Querida Lucía, ahora que he llegado a Finisterra, después de un mes caminando, creo que es el momento adecuado para escribirte.

Los puntos puede ser finales, punto y seguido o puntos y aparte, que terminan una situación para empezar otra pero manteniendo el hilo de una historia. Voy a considerar este camino que acabo de recorrer solo, como un punto y aparte en mi vida.

Desde este faro alejado de todo, te deseo la mejor suerte del mundo y que encuentres tu camino, como yo creo haber encontrado el mío que, por cierto, me lleva muy lejos de ti. Hasta la vista.

Adrián.

Psdt. : Creo que deberías haberme acompañado. Hace mucho tiempo ya que no somos una pareja. Solo somos uno mas uno y eso, en estos casos, nunca suma dos.

Destinataria: Lucía la Luna Callejón del Aire, 22
95959 - Esperanza
Firmado: Adrián.


Microcuento presentado al I Concurso Microrrelato Postal - Club de escritura Fuentetaja
97 votos, leído 375 veces. Gracias a todos.

martes, 14 de octubre de 2014

Cenicienta


Cenicienta va descalza. Yo llevo sus tacones en una mano, mientras ella camina sin zapatos, despeinada, con las medias rotas y sin apenas carmín en los labios. Lleva el rimmel corrido pero una enorme sonrisa hace brillar sus preciosos ojos de felicidad.

Está jodidamente hermosa. Radiante. Y se cuelga de mi brazo mientras un nuevo sol pugna con los viejos neones y las panaderías empiezan a oler a croissant…

Podría haber puesto aquella foto que nos hicimos frente a un escaparte de moda, pero prefiero que la imaginación os permita disfrutar de aquella sonrisa increíble…
[R]

jueves, 30 de enero de 2014

Pero esta vez ella lloró...

Pero esta vez, ella lloró; aunque por la sonrisa que luce ahora su rostro, entiendo que por fin, son lágrimas de alegría.

Recuerdo las veces anteriores en las que no ha sido así. Hemos pasado muchos meses de sufrimiento. Días sin comer, noches en vela que nos dejaban con los nervios rotos... veintiuna veces. Se dice pronto, pero son demasiadas veces para cualquiera. Y casi consigue destrozarnos.

Pero creo que la sonrisa en su dulce rostro esta mañana rebela que, por fin, lo hemos conseguido. Los análisis que nos acaban de dar confirman que hemos ganado la batalla al cáncer.

Microcuento presentado a la semana 14 del VII Edición de Relatos en Cadena de La Ser

viernes, 27 de diciembre de 2013

50 Palabras ... más.

Decididamente, no sé que he hecho para merecer que la web 50palabras me publique otro Microcuento en tan poco tiempo... (os aseguro que no he enviado ninguna cesta de Navidad... aunque se la han ganado!)
Bueno, aquí está el segundo:

EL SUEÑO ETERNO.
-Llevo tanto tiempo deseando estar a solas contigo y, ahora que estás delante, no sé muy bien qué decir.

-Hace mucho que me esperabas, ¿verdad, querido? -me dijo ella besándome suavemente-. Pero ya no tendrás que aguardar más. Aquí estoy, desnuda y excitada. Soy toda tuya -dijo la muerte sonriendo.


 
(ver en la web de 50 Palabras: aquí )

martes, 26 de noviembre de 2013

Siempre nos quedará París...

3 - Siempre nos quedará París - Netbookk (2013-10-07 10:37:05)
 
Demasiados asientos vacíos para un vuelo low-cost, pensé nada mas subir al avión. Casi lo pierdo por su culpa y eso que he sido el último viajero en embarcar. Cuando han cerrado las puertas detrás de mi, he podido respirar tranquilo, al fin.
La verdad es que nunca imaginé que fuese tan difícil deshacerse de un cadáver, pero gracias a la sierra eléctrica del vecino y a las cajas de la mudanza, he podido hacer desaparecer a mi última querida amiga: Elisa, la azafata. Pienso, sonriendo satisfecho, mientras me abrocho el cinturón.
Me resulta emocionante que el mismo avión donde ella hacía su trabajo habitualmente, sea el mismo que me permite escapar de la escena del crimen, empezar una nueva vida lejos de todo, en otro lugar. Para cuando encuentren sus restos yo ya estaré muy lejos de París, la ciudad donde nos conocimos.
Relato presentado al concurso Getafe negro. Octubre 2013 - web

 

lunes, 4 de noviembre de 2013

Demasiada casualidad

2 - Demasiada casualidad - Netbookk (2013-10-07 10:37:36)

Demasiados asientos vacíos para un vuelo low-cost, pensé revisando el listado de pasajeros. El jeep ascendía por una pista forestal, hasta la cima del cerro donde anoche se estrelló el aparato.
Necesito más café, me digo, intentando poner en orden las ideas después de un largo viaje donde solo he podido dar unas pequeñas cabezadas. Esta vida que llevo es un desastre, pienso mientras veo mi reflejo en el cristal de la ventanilla. Desde que ella se marchó de casa, todo ha ido de mal en peor...

- ¿Alguien puede darme un listado de la tripulación? - pregunto cuando llego al puesto de mando, mientras el sol empieza a asomar por el horizonte. Tengo un extraño presentimiento. Me he acordado de que ella trabajaba en esta aerolínea y él, piloto, había dejado su anterior trabajo y se había mudado de ciudad para estar a su lado.

Seria demasiada casualidad, ¿no?


Relato presentado al concurso Getafe negro. Octubre 2013 - web

martes, 29 de octubre de 2013

Una maleta roja.

1 - Una maleta roja - Netbookk (2013-10-07 10:44:31)

"Demasiados asientos vacíos para un vuelo low-cost", aunque, bien pensado, eso me viene estupendo - meditaba el nuevo operario de los equipajes mientras acomodaba las pocas maletas en la bodega del avión. Cuando su compañero que se había quedado abajo, le indicó que ya estaban todas, situó delicadamente una maleta roja en lo alto de la pila en la parte de la izquierda. La aseguró con otros equipajes, para que no se moviera, y cerró la red de protección. Al terminar, se quitó disimuladamente los guantes y sin apartarse la gorra que le tapaba la cara, condujo el tren de los equipajes hasta la terminal. Aparcó y mientras observaba como el avión iniciaba la maniobra de despegue, encendió un cigarrillo.
Mientras se cambiaba de ropa en el vestuario vacío, pudo escuchar la explosión, entonces marcó un número en el móvil:
- Vittorio ha muerto - dijo. Y colgó.

Relato presentado al concurso Getafe negro. Octubre 2013 - web


El cuento ganador, me parece muy bueno. Ver

jueves, 5 de septiembre de 2013

Ganas...

Ella tiene ganas de dejarse llevar, de romper la rutina y la soledad que siente instalada en su corazón desde hace tiempo, así que sube las escaleras con paso decidido, recordando su última llamada:
- La próxima vez que nos veamos tienes que recordar una cosa y olvidar otra. Debes venir sin ropa interior y traer una venda en el bolso, un pañuelo servirá.

Sonríe recordando la conversación y la emoción. Las mariposas que sentía en el estómago al escuchar sus instrucciones. Pero, a la vez, piensa en porqué le ha escogido, entre muchos, a él. Ella cree, realmente, que pueden ayudarse mutuamente a sobrellevar el tedio de los compromisos adquiridos, el grave peso de la vida cotidiana, pero sin preguntas, sin ataduras, solo porque ellos quieren hacerlo. Ahora. Ese es el pacto, sin preguntas, sin reproches. Saben que nunca, ninguno de los dos, poseerá del otro más de lo que se quieran entregar en cada uno de los instantes que puedan arrebatarles a sus otras vidas.

Las sensaciones que tiene cuando está a su lado, tan distintas del polvo semanal prefijado, los ruidos, los roces, el olor, se ven amplificados por la excitación, por las ganas de jugar... No es una aventura al uso, los dos son conscientes de que solo tienen este momento, el tiempo presente. No tuvieron pasado y seguramente no tendrán un futuro para poderse aburrir el uno del otro.
Así que piensa lo que le dirá en cuanto lo tenga delante. En cuanto él haya comprobado que ha seguido las instrucciones, metiendo una mano debajo de la falda, acariciando su piel delicadamente
-Dame el móvil y los apagaremos juntos. Esta tarde es nuestra y debemos, estamos obligados, a hacerla inolvidable... ¿te atreves a soñarla conmigo?


 

martes, 21 de mayo de 2013

Sabiduría.

Hay ocasiones en las que nuestro cuerpo (mucho más sabio que nosotros) se deja llevar por su ancestral sapiencia y nos sorprende a nosotros mismos ordenándonos sin palabras, lo que debemos hacer. No es una cuestión de principios ni de finales, es sencillamente que ocurre lo que tenía que ocurrir... Ya puedes haber planeado la escena, pensado el decorado y/o los detalles, dispuesto hasta el último elemento del atrezzo, que las cosas pasarán como tengan que pasar y seguramente no será como lo habías planeado.

Por eso creo que no te sorprendió lo más mínimo nuestro primer beso en los labios, ya sabías que sería así, algo sencillo y natural después de tanto tiempo deseando vernos. Tampoco te sorprendió, cuando subimos a tu coche, que te cogiera la cara y te atrajera hacia mi... los dos lo sabíamos, los dos lo estábamos esperando, fue algo casi inevitable. Mágico, pero así mismo natural. Los labios devorándose, las lenguas buscando completar lo que les faltaba, la respiración agitada, las sonrisas, cómplices inevitables.

El brillo de tus ojos, pero sobre todo tu voz sugiriendo:
- ¿Vamos a un Hotel?. Era otro de los pasos inevitables, algo tan natural como bajar la ventanilla ya que estaba empezando a hacer calor.
- Vamos donde quieras ir tú, pero... ¿porqué no vamos a tu casa? - te contesté.

De nuevo, me pareció algo de lo más natural. Quería que te encontrases cómoda, tranquilas, a gusto. Y que mejor manera de hacerlo que estar en tu terreno, en tu casa. En un principio sorprendida, luego complacida y al final creo que emocionada, me miraste y sin decir nada arrancaste el coche. Como era de esperar, mi mano tardó poco en acabar en tu muslo y tú me preguntaste varias veces si estaba bien, si me encontraba a gusto... No podías imaginar que en esos momentos, solo necesitaba el viento en la cara y oler tu perfume para sentirme completamente feliz.

Diez minutos más tarde llegamos al garaje. También era lo más natural del mundo que antes de entrar en el ascensor, te volviera a besar, apasionado, cogiéndote de la cintura. Y que, faltaría más, tu me contestaras, confirmando que tus ganas eran tan grandes como las mías. Dentro del ascensor, solos, tuvimos cinco pisos para comprobar que no hay pintalabios que aguante una prueba como la que estábamos haciendo nosotros: siempre desaparecen. "Planta quinta" nos dijo la máquina. Justo a tiempo para recomponer el gesto, antes de salir nosotros y dejar pasar a una vecina con su bebé.
- Buenos días - saludó, con "excesivo" interés.
- Buenos días Lola - le contestaste dejándola atrás rápidamente.

Buscar en el bolso el llavero, abrir la puerta, entrar, dejarme pasar y cerrar detrás nuestro. En total unos cinco segundos. Una vez dentro, con la espalda contra la puerta, ni dos, tardé yo en lanzarme a seguir comiéndote las ganas y la boca. El bolso cayó al suelo, al lado ya estaba uno de mis zapatos. Tu blusa, con esos botones tan bonitos... me recreé quitándolos despacio, intentando que no se notara mucho el temblor de mis manos. Mientras besos y caricias se desparramaban por toda la geografía de tus pecas. Tu cuello, asediado, rindió la plaza; lo giraste y lo ofreciste entero para morder... Y allá que fui, obediente a rendirte honores. Al final, sin más botones te ayudé a quitarte la blusa descubriendo un precioso sujetador de encaje, del cual poco me dejaste disfrutar. Fuera mi camisa, sin desabrochar. Bajar una cremallera y abajo la falda.

Fuimos dejando por el pasillo un reguero con la ropa... nada importaba. Solo sentíamos nuestras manos, nuestra piel, nuestro deseo. A mitad del pasillo, ya andaba mi mano por tu sexo... atrevida y audaz acariciándote. Haciéndote parar, apoyada contra la puerta del baño cuando llegó el primer orgasmo. Dejándote sin aliento, con la boca abierta, que yo aproveché para morder...
Besos, mil besos. Un ataque fulgurante de besos nos llevó hasta el borde de tu cama. Un segundo. Nos paramos de pie un instante, mirándonos a los ojos... sin hablar. Hasta que me acerqué a tu oído, rozando tus pezones excitados con mi pecho para decirte:
- Supongo que sabes lo que va a pasar ahora.
- No, no sé nada. ¿Que va a pasar? - me contestaste, pícara y juguetona. Sonriendo de medio lado...
- Que te voy a comer - te dije, mientras bajaba besando tus pechos, chupando esos pezones duros. Por tu estómago, acariciando tu costado, aprovechando para bajar tus braguitas, dejando al descubierto tu secreto más dulce....

Y, a partir de ahí, el tiempo se detuvo... y todo fue tan dulce... tan natural.

••••

Dentro de un tiempo, cuando recordemos este encuentro, seguramente veremos que al final lo único importante, lo que vale la pena, lo que permanecerá, fueron los diez minutos de paz que tuvimos después. En silencio, desnudos, abrazados el uno al otro, viendo pasar las nubes blancas sobre el fondo azul de cielo, mientras una dulce sensación de abandono, nos llenaba a los dos...


Hay varias maneras de vivir, pero solo tenemos una oportunidad de hacerlo.

miércoles, 13 de marzo de 2013

Disfrutarte.

Me he levantado muy temprano para preparar el desayuno. En silencio trasteo por la cocina poniendo en marcha el café, la tostadora; sacando la leche, los cereales... Me gusta la casa en esos instantes, silenciosa y tranquila, cuando todavía la quietud de la noche le gana la partida a los ruidos del día.
Cuando el café esta preparado, me pongo la primera taza y voy hacia la habitación con ella en la mano, pero me paro al llegar a la puerta, a mirarte como te despiertas despacio, mientras el día amanece y el sol ilumina poco a poco la ventana.

Extiendes tu brazo buscando el calor que mi cuerpo ha dejado al otro lado de la cama, veo como acaricias las sabanas. Quizá, con suerte, pueda pillarte abrazada a mi almohada, oliéndola, para luego desperezarte sin pudor. No sabes que te estoy mirando y solo te das cuenta de ello al girarte, justo antes de levantarte. Me miras y  me guiñas un ojo.

Y allí estoy yo, apoyado en la puerta con una sonrisa pintada en el rostro y la taza de café que me quitas para dar un sorbo, al pasar camino del baño. Descalza, hermosa y radiante, con las chispas de mi deseo prendidas en tu pelo alborotado, te dejo pasar. Y tu lo haces muy despacio, porque sabes perfectamente que te estoy mirando el culo mientras te alejas andando.



Foto Vía : La dolce Vita

domingo, 30 de diciembre de 2012

Ruido y furia.

De pronto, parado al lado de la puerta, me pareció ver como se materializaba en el aire la pregunta:

-Hace frio. Creo que lo mejor sería subir a la habitación y hacer una siesta. Como hay aire acondicionado, al menos no tendríamos frío... ¿No crees?.

Y ahí estaban, todos mis fantasmas, los temores, las dudas... todos colgando del ganchito que iniciaba el interrogante. Mirándome fijamente con esa mirada que me decía:
- ¿Pero donde vas chaval? ¿Es que todavía no has aprendido? ¿Sigues insistiendo? Que mal lo llevas... no aprendes.

Tu sigues parada al lado de la puerta que da al patio. Hay montones de hojas por todas partes, pero es invierno y la Glicina ya no es más que un armazón de ramas peladas. Hace un mes que no venimos, y pasará otro antes de que volvamos. Estás en la puerta, con el pomo en la mano, mirando hacia afuera. Pero no te giras, ni contestas. Tan solo abres la puerta y sales fuera, cerrando muy despacio detrás tuyo.

Llevo una revista en la mano. La miro como si no recordara que hace ahí y la dejo despacio otra vez encima de la mesa. Sigo escuchando las risas de mis fantasmas que colgados del ganchito del interrogante, se burlan de mi. Al menos hay quien se lo pasa bien con esta situación, pienso mientras subo las escaleras, recordando no se muy bien porqué, el famoso fragmento del acto V de Macbeth:

"La vida no es más que una sombra en marcha; un mal actor que se pavonea y se agita una hora en el escenario y después no vuelve a saberse de él: es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada"

Hace mucho que abandoné la furia, en su lugar solo me queda el eco del vació y un dolor sordo. Creo que será mejor dormir una siesta.

martes, 24 de abril de 2012

Historia de una mirada y una estrella. (Nora y un servidor)

Me encantan las historias escritas a cuatro manos. Una idea cazada al vuelo deviene, por obra y gracia de la inspiración, la distancia y el cariño de otra persona, en algo mucho más grande y hermoso.Hoy he podido participar en otro ejemplo. 

Todo empezó cuando colgué este Microcuento en Tumblr.

Paso de peatones.


Freno, y me miras sorprendida por debajo de las Rayban, estas sola esperando pasar.
Te sujetas el bolso, me sonríes y haces un leve gesto con tu cabeza, agradecida. Y solo entonces, comienzas a pasar despacio por delante, sabiéndome concentrado en tu forma de caminar. Sientes que llevas bien afilados los tacones y que mi mirada se ha perdida entre los rizos que, rebeldes, escapan de tu moño y caen por tu nuca. Notas como se esta removiendo con tu falda, el aire caliente de primavera que nos envuelve.

Al llegar al otro lado, después de quince segundos eternos, sabes que estoy perdido, repasando tu figura de arriba abajo y por eso te paras, para que pueda sufrir a gusto. Pero no te giras, eso jamás!
Con una estudiada indiferencia, y una sonrisa luminosa, comienzas a andar...mientras yo, prendido de tus andares, escucho como suenan, a lo lejos, las bocinas de los demás conductores...
Impacientes!

Y, al cabo de unas horas, Nora nos obsequia con su continuación...su punto de vista.

Me regaló una estrella.


Paseaba tranquila y despreocupada ahora que ya había pasado la tormenta.
El día había pasado por fin del gris lluvioso a la luz de primavera. Que caprichosos eran siempre los abriles, cambiantes y juguetones te sorprendían siempre. El sol empezaba a dar calor al fin, aunque una suave y fresca brisa seguía recordándole que estos abriles no son de fiar.

Hurgó en el fondo del bolso y encontró lo que buscaba. Con un gesto sencillo retorció sus rizos, los atravesó con aquel lápiz y su pelo quedo recogido, amenazando con desprenderse en cualquier momento. Quería sentir los rayos en su nuca mezclados con el leve soplido que llegaba del norte.
Se detuvo en aquel paso de cebra. Siempre lo hacía, no confiaba en la buena intención de aquellos que parecen medir su valía por su capacidad con el acelerador y su falta de educación. Aquel coche freno despacio y tras los cristales una sonrisa le indicó que podía pasar. Correspondió con un gesto de agradecimiento y otra sonrisa. 

Avanzaba con paso firme en sus tacones y entonces lo sintió... ese escalofrío que recorría ascendente su espalda, ese que solo una mirada provoca, ese que acelera el pulso...
"No aceleres, sigue a este ritmo y disfruta, no te gires" se dijo a si misma.

Lenta, segura, consciente de la mirada que la hacía crecerse, respirando profundo para paladear ese ascender, sentir como subía por sus piernas, frenaba un poco y avanzaba por su espalda hasta llegar a su nuca, bordeándola suavemente. Sintió el pinchazo, esa descarga que lo eriza todo y sonrió girando levemente la cabeza sin mirar atrás.

Las bocinas la sacaron de sus ensimismamiento, volvió a pisar la tierra y presurosa se acercó a un escaparate cercano. El reflejo no mentía, ahí estaba. Hay miradas, solo unas pocas, que dejan la marca de una estrella en quien sabe sentirlas.


*******************************************
Mil gracias Nora (paseandodescalza) por hacer de un simple microcuento....toda una aventura compartida. ¡Nunca dejes de seguir tus sueños!

Nota a 20/09/2014, para no olvidar... :
el resto de mi vida empezó con este pequeño e inocente juego. A toro pasado, recuerdo este punto como de inflexión en mi vida. ¡Gracias Nora!

Comentarios:

irene_em dijo

Sublime, felicidades a los dos!!

lunes, 28 de noviembre de 2011

Silencios

Hoy me han llamado la atención dos imágenes distintas en sendos rincones de la ciudad.Las dos hablan del silencio.

Silencio en sus acepciones más conocidas es, segun la RAE, (Del lat. silentĭum):
1. m. Abstención de hablar.
2. m. Falta de ruido. (El silencio de los bosques, del claustro, de la noche).

Cerca de la Universidad, por la mañana he visto una despedida. Ella, pequeña y morena, se abrazada muy fuerte a un gigantón rubio que no parecía de aquí. Una gran maleta en el andén del tranvía me decía que el gigantón volvía a su casa. Al lejano Norte. Pese a la diferencia de tamaño, era ella la que sonreía y le levantaba la cara al gigantón, intentando con su mirada darle los ánimos que él no encontraba por mucho que se empeñara en mirar al suelo. 

En un momento dado, ella le la cogido por la barbilla y se ha acercado mucho a su cara, no le ha besado, solo le la mirado y le ha hecho un gesto de puro cariño acariciando la mejilla del rubio grandullón. Cuando el semáforo se ha puesto verde, ella ha cruzado decidida el paso de peatones dejando al gigantón atrás. El se ha quedado mirando el suelo a ver si encontraba por algún lado ese trozo de corazón que se le ha quedado aquí.

En ningún momento se han dirigido la palabra, tan solo ha habido una caricia silenciosa.


Por la tarde, en la cafetería de un centro comercial, una pareja de cierta edad ha interpretado otra obra silenciosa delante de mi. Me he acordado de una vieja película, creo que era "dos en la carretera". Cada uno de ellos estaba sentado a uno de los lados de la mesa. Ella leía un revista, el un períodico. Cada uno con su café. Ni siquiera se han pedido el azucar, estaba en el centro y cada uno se ha servido.

En un momento dado, me ha parecido que él ha dejado de lado el períodico un instante para mirar a la mujer que tenía delante, había una infinita tristeza en su mirada, como la de una persona que ha renunciado. Tan solo ha sido un momento de debilidad. Un momento después ella ha cerrado el libro, ha abierto el monedero, ha pagado las consumiciones y, sin decir ni mu, se ha levantado de la mesa. Él se ha tomado un poco mas de tiempo, ha doblado su periodico, ha cogido los paquetes y se ha despedido de la camarera. No han cruzado ni un sonido entre ellos, ni una palabra...nada. El vacio absoluto que se nota entre dos personas acostumbradas a ignorarse mutuamente de la manera más educada.

Silencios capaces de contar historias de amor y de desapego.

 

Comentarios:

esaotra dijo

El silencio cuenta muchas cosas. A veces, incluso grita. Preciosa la entrada.

lunes, 17 de octubre de 2011

Sin palabras.

No ha sido planeado, tan solo ha surgido así. Ese pilar siempre ha estrechado un poco el pasillo y nunca se me hubiera ocurrido que ese fuera el mejor lugar, pero la vida a veces te sorprende.

Al cruzarnos he visto un brillo en tu mirada y por eso me he parado con la intención de preguntarte...ya no recuerdo que. No había podido decir nada y si no se te hubieran caído los libros, si no nos hubiéramos agachado a recogerlos, si no los hubiéramos dejado apartados en el suelo, levantándonos con nuestros brazos y nuestras lenguas ya entrelazadas...supongo que ahora no estaría escribiendo esto.

Tu respiración se ha hecho de repente, más urgente y tu boca jugando con la mía, más exigente. Has cerrado los ojos, has levantado tus brazos hacia arriba y yo me he quedado sujetándote por la cintura mientras arqueabas tu espalda. Y el mundo se ha parado de repente cuando he levantado tu falda. He notado tu corazón latir excitado, a través de tu blusa. Tu perfume nos ha envuelto en su dulce aroma y mi mano se ha perdido en dirección a tu vientre, acariciándote, acercándose lentamente hacia el centro de tu universo.

Un gemido. Y en un instante te veo con la boca y los ojos abiertos. Sin hablar, tu mirada me ha contado de tus deseos, no han hecho falta palabras cuando mis dedos han llegado al interior de tu secreto más húmedo.

Luego todo ha sido temblor, y un dulce abandono...sin palabras.

 

Comentarios:


esaotra dijo
Las mejores poesías se escriben a veces sin palabras. Sencillo, sensible, ímtimo, precioso.


lunes, 18 de abril de 2011

Microcuento de siestas im-posibles.

Había sido un día intenso. Un buen madrugón, un incómodo viaje en tren, una reunión importante y una visita, me habían dejado, a medio día, en el centro de Barcelona. Gracias a unas buenas amigas que me habían aconsejado sabiamente, había encontrado un buen sitio donde, por lo menos, poder comer bien. Ya tenía la cerveza en mis manos y estaba esperando que me trajeran el primer plato, cuando en el móvil se encendió la lucecita de los mensajesde Twitter.

Era un reto muy apetecible: "Dicen que los mejores tweets los escribo por DM.". Sentado con la espalda en una ventana soleada, con una cervecita en la mano y dos horas por delante, una afirmación de ese calibre, no podía dejarla pasar, así que lance un reto: "Venga, lo espero!".

Y asi nació este "Microcuentos de siestas im-posibles":

-Gritaré, gemiré, nos quedaremos sin aire... suplicaré de rodillas... te arañaré, te morderé, y hasta habrá empujones... HAGÁMOSLO INTENSO!¡!
-Yo te sorprenderé. Te abrazaré por detrás cuando salgas de la ducha. Y me apretaré contra ti, lento. Mientras te beso en el cuello, iré bajando mi mano por tu estómago. Suave e implacable, haré que tiembles hasta que tus piernas no te sostengan y tenga que sujetarte yo. 

El milagro de la tecnología nos permitió escribir, a tres manos, este juego de deseos encontrados a muchos kilometros de distancia, haciendo mucho más apetecible un poco de fruta fresca para postre, ya que lo de la siesta estaba mucho más complicado.

Muchísimas gracias a la co-autora: @xyke24 . Un beso.

Comentarios:

Xyke24 dijo
Ha sido un placer, y leerlo, más ;)