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martes, 21 de mayo de 2013

Sabiduría.

Hay ocasiones en las que nuestro cuerpo (mucho más sabio que nosotros) se deja llevar por su ancestral sapiencia y nos sorprende a nosotros mismos ordenándonos sin palabras, lo que debemos hacer. No es una cuestión de principios ni de finales, es sencillamente que ocurre lo que tenía que ocurrir... Ya puedes haber planeado la escena, pensado el decorado y/o los detalles, dispuesto hasta el último elemento del atrezzo, que las cosas pasarán como tengan que pasar y seguramente no será como lo habías planeado.

Por eso creo que no te sorprendió lo más mínimo nuestro primer beso en los labios, ya sabías que sería así, algo sencillo y natural después de tanto tiempo deseando vernos. Tampoco te sorprendió, cuando subimos a tu coche, que te cogiera la cara y te atrajera hacia mi... los dos lo sabíamos, los dos lo estábamos esperando, fue algo casi inevitable. Mágico, pero así mismo natural. Los labios devorándose, las lenguas buscando completar lo que les faltaba, la respiración agitada, las sonrisas, cómplices inevitables.

El brillo de tus ojos, pero sobre todo tu voz sugiriendo:
- ¿Vamos a un Hotel?. Era otro de los pasos inevitables, algo tan natural como bajar la ventanilla ya que estaba empezando a hacer calor.
- Vamos donde quieras ir tú, pero... ¿porqué no vamos a tu casa? - te contesté.

De nuevo, me pareció algo de lo más natural. Quería que te encontrases cómoda, tranquilas, a gusto. Y que mejor manera de hacerlo que estar en tu terreno, en tu casa. En un principio sorprendida, luego complacida y al final creo que emocionada, me miraste y sin decir nada arrancaste el coche. Como era de esperar, mi mano tardó poco en acabar en tu muslo y tú me preguntaste varias veces si estaba bien, si me encontraba a gusto... No podías imaginar que en esos momentos, solo necesitaba el viento en la cara y oler tu perfume para sentirme completamente feliz.

Diez minutos más tarde llegamos al garaje. También era lo más natural del mundo que antes de entrar en el ascensor, te volviera a besar, apasionado, cogiéndote de la cintura. Y que, faltaría más, tu me contestaras, confirmando que tus ganas eran tan grandes como las mías. Dentro del ascensor, solos, tuvimos cinco pisos para comprobar que no hay pintalabios que aguante una prueba como la que estábamos haciendo nosotros: siempre desaparecen. "Planta quinta" nos dijo la máquina. Justo a tiempo para recomponer el gesto, antes de salir nosotros y dejar pasar a una vecina con su bebé.
- Buenos días - saludó, con "excesivo" interés.
- Buenos días Lola - le contestaste dejándola atrás rápidamente.

Buscar en el bolso el llavero, abrir la puerta, entrar, dejarme pasar y cerrar detrás nuestro. En total unos cinco segundos. Una vez dentro, con la espalda contra la puerta, ni dos, tardé yo en lanzarme a seguir comiéndote las ganas y la boca. El bolso cayó al suelo, al lado ya estaba uno de mis zapatos. Tu blusa, con esos botones tan bonitos... me recreé quitándolos despacio, intentando que no se notara mucho el temblor de mis manos. Mientras besos y caricias se desparramaban por toda la geografía de tus pecas. Tu cuello, asediado, rindió la plaza; lo giraste y lo ofreciste entero para morder... Y allá que fui, obediente a rendirte honores. Al final, sin más botones te ayudé a quitarte la blusa descubriendo un precioso sujetador de encaje, del cual poco me dejaste disfrutar. Fuera mi camisa, sin desabrochar. Bajar una cremallera y abajo la falda.

Fuimos dejando por el pasillo un reguero con la ropa... nada importaba. Solo sentíamos nuestras manos, nuestra piel, nuestro deseo. A mitad del pasillo, ya andaba mi mano por tu sexo... atrevida y audaz acariciándote. Haciéndote parar, apoyada contra la puerta del baño cuando llegó el primer orgasmo. Dejándote sin aliento, con la boca abierta, que yo aproveché para morder...
Besos, mil besos. Un ataque fulgurante de besos nos llevó hasta el borde de tu cama. Un segundo. Nos paramos de pie un instante, mirándonos a los ojos... sin hablar. Hasta que me acerqué a tu oído, rozando tus pezones excitados con mi pecho para decirte:
- Supongo que sabes lo que va a pasar ahora.
- No, no sé nada. ¿Que va a pasar? - me contestaste, pícara y juguetona. Sonriendo de medio lado...
- Que te voy a comer - te dije, mientras bajaba besando tus pechos, chupando esos pezones duros. Por tu estómago, acariciando tu costado, aprovechando para bajar tus braguitas, dejando al descubierto tu secreto más dulce....

Y, a partir de ahí, el tiempo se detuvo... y todo fue tan dulce... tan natural.

••••

Dentro de un tiempo, cuando recordemos este encuentro, seguramente veremos que al final lo único importante, lo que vale la pena, lo que permanecerá, fueron los diez minutos de paz que tuvimos después. En silencio, desnudos, abrazados el uno al otro, viendo pasar las nubes blancas sobre el fondo azul de cielo, mientras una dulce sensación de abandono, nos llenaba a los dos...


Hay varias maneras de vivir, pero solo tenemos una oportunidad de hacerlo.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Buscarte.

Me he levantado con la idea de encontrarte por sorpresa en los pasillos, cogerte de la mano y entrar contigo en la primera puerta que veamos abierta. Por eso vengo a buscarte.

Me aseguro que nadie nos ve. Cierro la puerta y te apoyo contra ella. Sin hablar, no hacen falta las palabras. Solamente quería mirarte y para eso no necesitamos más luz que la tenue penumbra de este almacén. Llevas la bata abierta y una camiseta con escote de pico que me provoca todavía más.
Te cojo de las muñecas suavemente y te obligo a levantar los brazos; te resistes, quieres morderme o besarme no lo sé, pero no te dejo. Seguimos sin hablarnos, solo gestos y gruñidos. Bajo la mirada, perdiéndome en el abismo de tu escote, la vuelvo a levantar y te miro a los ojos sonriendo. Es un encuentro totalmente inesperado y urgente. Un deseo animal me hace apoyarme en ti, inmovilizarte. Saco mi lengua y recorro de una forma deliberadamente lenta, el sendero de piel que me lleva desde tu pecho hasta tu cuello. Lamiéndote toda. Absorbiendo tu aroma, llevándome tus miedos, dejándote desnuda frente a mis deseos.


No puedes responder, no te dejo hablar. Sorprendida, no te has repuesto todavía cuando empiezo a morder delicadamente tu cuello subiendo hacia tu garganta. Besando, usando los dientes, la lengua y mi sexo que excitado se frota contra el tuyo. Te aprietas contra mí exigiendo ese roce salvaje, mientras llego a tu barbilla y la muerdo con ansia. Ya estas demasiado cerca como para renunciar al placer de atacar tu boca con furia. No solo no te resistes sino que colaboras haciéndome caer en la mas vieja y dulce de las trampas. Al principio cedes a mis embestidas, para luego subir una pierna agarrándome bien para que no me vaya. Hábilmente le das la vuelta a la situación y ahora eres tú la que me coge a mí de las muñecas para que no pueda escapar y hacer que sea tu lengua la que atrape la mía exigiéndole cumplir con el cometido que te he prometido al cogerte de la mano y entrar en este cuarto: sofocar el incendio que nos devora con las humedades que, en este mismo momento, están mojando tu ropa interior.



Paro. Respiramos. Te miro a los ojos...



Me arrodillo ante ti, dispuesto a rendir tributo a tu pasión. Y mientras desabrocho tus vaqueros, imaginas como voy a llevarte con mi lengua todo lo lejos de este cuarto que pueda y hacerlo todas las veces que nos dejen.



Me gusta verte disfrutar, estoy seguro de que volveré a buscarte otro día.





Texto: Escrito a 4 manos entre @alite01 y un servidor [R]



Photo Vía:  Floresdalis


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