me gustaría tener valor para decirte que pareces cansada. Pero te miro, y me limito a estudiarte, no me atrevo a hablar contigo. En tu rostro se nota que ha sido un día duro y tu semblante refleja el fragor de la batalla. Me gustaría decirte que esa huella, tan humana, te da un aspecto tierno y otorga a tu mirada una dulzura especial. Creo que no eres el tipo de mujer despampanante que llamaría la atención de los hombres al pasar; lenta y cadenciosa, por el pasillo del avión arrastrando tu maleta roja hasta llegar a tu asiento. Pero hay algo en tu mirada y en tu sonrisa sincera que ha llamado mi atención. Quizá sea ese rasgo tan humano del bostezo, algo tan natural. Ya es tarde cuando va a despegar el avión y los dos, en eso coincidimos, no paramos de bostezar. Ha sido curioso cuando nos hemos visto el uno al otro con la boca medio abierta y nos hemos reido. Vaya par!.
El avión va casi lleno, pero curiosamente entre nosotros hay un asiento vacio. Tu has escogido ventanilla, yo pasillo. Y hemos tenido suerte: nadie que nos moleste. En realidad, pienso egoistamente: nadie que me moleste. Así con la excusa de mirar las maniobras de despegue y el paisaje, puedo observarte, sin que te des cuenta. o al menos eso quiero creer (que no te das cuenta de que te observo).
No tengo ganas de leer y me seduce más fijarme en tus manos, pequeñas y cuidadas, pero que te empeñas en esconder porque seguramente no estás muy orgullosa de ellas.
Tu peinado, cuidado. con ese aire tan "casual", un buen reloj en la muñeca y un bonito anillo en tu dedo corazón. Un sueter gris y unos vaqueros ajustados, zapatillas planas: comodidad para viajar. Ningún artificio. Sencillez. Me gusta la idea que transmites, que reflejas en el brillo de tus ojos marrones.
Tus ojos, que cuando se han cerrado, intentando conciliar un breve sueño, no han parado de moverse inquietos debajo de los párpados. Intuyo que te sabes observada. Pero tu aspecto no delata intranquilidad, creo que más bien te dejas mirar y esperas... Es imposible sustraerse al ruido que hace un grupo de chiquillas en el fondo del avión y un comentario casual hace que te gires y me mires. Tu sonrisa resplandece, me parece muy atractiva, ilumina tus facciones, pero giras enseguida la cara. Me he dado cuenta de una sombras en la piel de tus mejillas y que no llevas maquillaje ni colorete. Te averguenzan esas manchas? Porqué?. Forman parte de todo el camino que llevas recorrido y que te ha traido al asiento de este avión hoy. No hay nada de lo que arrepentirse o avengorzarse.
Tu edad la calificaría de indefinida, pero tu manera de moverte te hace tener un aspecto muy juvenil. Pero tu cuerpo se revela, a través de la ropa holgada, delgado y flexible (te has doblado por completo para coger algo que se te ha caido al suelo). Lamento el examen al que te sometí, como verás tan solo me atreví a mirarte como lo más interesante que había en un avión de vuelta.
Lamento profundamente no haber reunido el valor suficiente para empezar una conversación contigo. Sobre qué?. No sé, algo intrascendente que me hubiera permitido ver tu sonrisa otra vez.
Quizá en el proximo vuelo. Hasta siempre perfecta desconocida.
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