Seguimos

domingo, 16 de enero de 2011

Cinco minutos...

Fue como una liberación. Me vi reflejado en sus pupilas mientras me acercaba desde arriba y le sostenía la mirada. Mi mano izquierda en su nuca, acariciando su pelo corto y mientras mis labios se juntaban con los suyos, en ese instante, entendí su abandono. Cuanto tiempo habíamos estado esperando este mismo momento, pero no había podido ser, hasta hoy. 

Esa sensación. La de abrir una puerta que ya no tendríamos forma de cerrar. Dejarse llevar, sumergirse dulcemente en el vértigo de los besos, en el aleteo de las manos que se buscan, de los ojos que se encuentran. El destino nos había vuelto a encontrar. Y los dos, viejos jugadores, sabíamos que ese instante no tenía precio porque lo más probable es que no se volvería a producir jamás.

Cinco minutos después, sus ojos me seguían buscando entre la fila de pasajeros de la sala de embarque. Sabía que me estaba siguiendo con la mirada, pero no podía volver la vista atrás. Ella todavía tendría que esperar una hora más a su avión. Los dos, volveríamos a estar separados otra vez. Quizá para siempre. Quizá no.

Solo fueron cinco minutos, pero los tengo gravados a fuego en mi memoria. Y cada vez que paso por esa terminal, recuerdo el rincón, en el que durante cinco minutos, pudimos ser felices.

No hay comentarios: