Queridos Reyes Magos,
ya sé que hoy es día 7 de Enero y
que vuestro trabajo ha terminado por este año, os merecéis unas buenas
vacaciones después de un trabajo tan duro, pero me gustaría que me
prestarais un poquito de atención.
Desde que yo recuerde, nunca he
tenido mucha fe en vosotros. Quizá fue el barrio donde me crié. Allí o
comías o eras comido y desde muy pequeño me quitaron la ilusión o la fui
perdiendo por el camino. Supe ciertamente que no existíais por el hecho
irrefutable de que NUNCA me habéis dejado lo que yo, en secreto, os
pedía desde el fondo de mi corazón. Empezando por el Scalextric que siempre he querido tener, hasta terminar hoy con esta carta.
Porque esta carta no es para
pediros nada. Ya no espero nada, y tampoco quiero nada. Tan solo sois el
último recurso de una persona que ya no sabe donde acudir y que no cree
en el Gordo de Rojo. Si se ha de creer en algo, os prefiero a vosotros.
Yo no quiero regalos. Esta
petición/súplica/balsa de naufrago, no es para mí. El regalo que os pido
es para otra persona. Llevamos juntos muchos años, pero me temo que ya
no tenemos mucho más que decirnos. Y me da mucha pena, otra vez, esta
situación.
Yo no entiendo la vida sin
disfrutarla, sin pasión, sin caprichos, sin juego. Pero parece ser que
hay personas que pueden vivir su vida simplemente desgastándola, como el
mar desgasta, lentamente, las piedras de la playa hasta convertirlas en
Arena.
Como os decía, tan solo quiero que le gustaran alguna de todas las cosas que yo no le puedo regalar.
Las joyas que no se va a poner, ni
los relojes que ya tiene (tan solo uno se lo he podido regalar yo, pero
ya no se lo pone). No hablemos de los colgantes, que duran un mes como
máximo o las pulseras o anillos que no lleva. Los perfumes se quedan sin usar en
el estante del armario del baño. La ropa interior; como esa tan bonita
que vi el otro día, no quiere ni verla. Ni hablar del tema. No.
La ropa, la de mejor calidad o la
que tiene ese tacto o ese corte tan especial, ni nombrarla. Hemos
establecido un pacto por el cual ninguno acompaña al otro a por ropa.
Dice que nunca le sienta bien nada, ni está de acuerdo con el tacto, el
color o el corte. Todo tiene pegas y le sienta fatal y se lo tienen que
arreglar. Yo ya paso. Dimití hace tiempo.
No le llaman la atención ningún
cachivache electrónico y si necesita alguno, sencillamente coge uno mío.
No escucha música tan solo oye la radio. Lee poco, tres o cuatro libros
al año y siempre de los que yo ya leí el año pasado. Tampoco escribe.
Ni una agenda bonita, ni un bolígrafo chulo. Miento: usa el mismo que le
regalé hace unos 10 años. Eso sí.
La puntilla vino hace unos
años. Busqué un regalo especial y le ofrecí un bono para dos circuitos
termales, unos masajes de relajación y unos tratamientos para la piel.
Después de mucho insistir me dijo (y no me lo creo) que hizo la mitad
del bono. Lo único es que tardó más de un año en decidirse. Nunca tenía
tiempo para hacerlo. La otra mitad del regalo estoy seguro de que se
perdió.
Por todo esto y muchas cosas más
querido Reyes Magos, lo único que os pido es un poco de paciencia para
mí y un poco de tolerancia para esta persona.
Que se relaje, que deje de exigirse
tanto a sí misma y se deje llevar un poquito, tan solo un poquito. Que
la vida son dos días y no podemos permitirnos el lujo de desperdiciarla
con tonterías de este estilo.
Y que no se preocupe, hacedle saber por favor, que tendrá su paraguas.
Espero no haberos aburrido mucho y
si la carta llega demasiado tarde para que pudierais hacer algo, tenedlo
en cuenta para el próximo año. Gracias.
Un saludo.
Yo.
Nota: Y, si no es mucho pedir, acordaros de que yo siempre quise tener un Scalextric.
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